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Historia del Chocó

El poblamiento del Chocó se remonta a la llegada de los primeros hombres del sur del continente americano. Los grupos humanos cazadores y recolectores no asentados, recorrieron estas tierras hace unos 10 000 años a. C., procedentes del Norte. A la llegada de los españoles, los principales grupos que se hallaban en el territorio y que han subsistido son los embera, los wannana y los tule.
La conquista del nuevo territorio se inició con la fundación de Santa María La Antigua
del Darién por Fernández de Enciso en 1510, en un área habitada por varios pueblos aborígenes. Con cierto grado de cultura y desarrollo, disponían de una  apreciable riqueza de oro y subsistían con la agricultura y la pesca.
Las tribus del Chocó defendieron fieramente sus territorios y atacaron las fronteras
españolas representadas en los asentamientos. En un principios, la reacción se manifestó pronto con acciones punitivas y después, con actos de pacificación.
El hecho de ser un punto estratégico de penetración y colonización del sur del continente, le otorgó importancia histórica a la región y al país. Los historiadores han deducido que la región fue un sitio de paso de Vasco Núñez de Balboa en su descubrimiento del océano Pacífico.
Pasada la colonización y con el avance de la navegación de vapor ocurrieron dos
acciones que impulsaron el desarrollo: una por la iniciativa privada de comerciantes
cartageneros entre 1850 y 1875, y otra originada por la intervención oficial del Gobierno Central mediante estímulos y subvenciones.
A lo largo de la historia, el río Atrato fue y sigue siendo artífice de la economía y la
cultura del departamento.
Durante la colonización española, esos territorios fueron el destino de una gran parte de la población esclavizada en África y traída a la Nueva Granada con el propósito de trabajar la minería del oro de aluvión.
La reducción de los indígenas del Chocó en Novitá y Citará y la ocupación española
provocaron grandes cambios en la vida económica colonial, cuyos aspectos más relevantes fueron el resurgimiento minero (1725-1785), la reactivación del tráfico negrero (1712) y la economía agraria esclavista.
En 1906, el territorio se separó del departamento del Cauca y se dio origen a una intendencia autónoma. Entre 1907 y 1947, con la creación de la Intendencia y hasta su institución en departamento, sucedieron varios hechos que remarcaron la historia: el primero, la unificación chocoana (1907-1916); la segunda, la llegada de los misioneros
claretianos; y la tercera, el desarrollo del norte de Quibdó con fábricas, vías, vapores y educación.
Etapa de transición (1932-1947): comercio activado por criollos y personas de origen
oriental; consolidación urbana, pequeña industria y actividades culturales.
Cronología
En 1510 fue la fundación de Santa María La Antigua del Darién, por Fernández
de Enciso
Entre 1725 y 1785 se dió el resurgimiento minero
En 1712 se reactivó el tráfico negrero
Entre 1850 y 1875 se dio el impulso del comercio y estímulos del Gobierno Central
En 1906 se segregó del departamento del Cauca
Entre 1907 y 1916 fue la unificación chocoana
Entre 1932 y 1947 fue la etapa de transición
Fuente: Choco Colombia Guía Turística

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Amazonas

Historia del Amazonas
La categoría de departamento llegó al Amazonas el 6 de julio de 1991, con la promulgación de la actual Constitución Política de Colombia. Hasta ese momento,
unas veces había sido intendencia y otras veces comisaría, en los llamados ‘territorios nacionales’, divisiones territoriales que ya no existen en el país.
Este departamento ha conservado gran parte de su riqueza natural, toda vez que
la mayoría de su territorio está cubierto de selva. El conquistador español Francisco
de Orellana, quien exploró Ecuador, Perú y Brasil, es recordado como el descubridor
del río Amazonas, y se internó en sus aguas.
Incluso fue el mismo Orellana quien nombró al río y su zona circundante como
‘Amazonas’, pues aseguró que algunas mujeres atacaron su flota. El español
relacionó a las guerreras con las amazonas de la mitología griega y por ello
el nombre. Sin embargo, historiadores y antropólogos aseguran que en la zona
nunca han existido mujeres guerreras, y explican que Orellana se confundió, porque
en realidad lo atacaron hombres de cabellos largos.
La hegemonía del Amazonas colombiano recayó en Popayán; sin embargo, la
concentración del poder en las regiones Andina y Atlántica llevó a que gran parte
del territorio se perdiera ante el acoso de peruanos y brasileños. Incluso, en un
momento de la historia Colombia no tuvo acceso al río Amazonas, situación que se
clarificó cuando Perú y Colombia legitimaron sus fronteras, a principios del siglo XX.
Esos tratados dejaron el acceso de Colombia al río Amazonas con el llamado ‘Trapecio
Amazónico’, y una ciudad como Leticia, fundada por peruanos, pasó a ser la principal
población de Colombia en la Amazonia.
Aunque la historia del Amazonas está exenta de las confrontaciones bélicas
que han marcado parte de los acontecimientos del interior del país, la explotación
del caucho entre 1870 y 1920 atrajo colonizadores de varios países, quienes
explotaron, con esclavitud o reducción, a siervos de poblaciones indígenas, mestizas,
mulatas y negras. Sin embargo, esto es historia ya lejana.
En los últimos años, el Amazonas ha gozado de la bonanza del turismo ecológico,
que cada vez es más atractiva en el mundo, y lugares como Leticia han constituido
una infraestructura que permite atender a los turistas y viajeros que desean explorar
las características naturales y culturales del río Amazonas, la selva que lo acompaña
y las comunidades que allí habitan.

Cultura y Tradiciones
Gracias a la poca penetración de la colonización occidental en las selvas colombianas del Amazonas, la riqueza natural y cultural de muchas culturas precolombinas
se ha mantenido casi intacta, aunque otras han vivido un intercambio con otros grupos,
especialmente blancos y mestizos provenientes de países como Perú, Brasil y Colombia, situación que se hace notoria en lugares como Leticia, donde la pluricultural es una de sus mayores características.
Los indígenas que predominan son de las etnias huitoto, yagua, cocama y ticuna;
esta última es la de mayor presencia en las comunidades asentadas en la ribera
amazónica. Los huitotos se concentran entre los kilómetros 6 y 10, en la vía
de Leticia al corregimiento de Tarapacá.
Son pequeños resguardos que han quedado tras su movilización de los departamentos
de Putumayo y Caquetá. En sus familias prima la exogamia; es decir, las parejas se conforman por miembros que no tienen parentesco alguno, a diferencia de otros grupos. Esta comunidad mantiene sus creencias, tradiciones y un enorme respeto por la naturaleza.
El hombre mambea y la mujer cocina y se dedica a los oficios domésticos. “Mambear”
significa masticar un polvo de hojas secas de coca y yarumo, que combinan con ambil, un extracto del tabaco.
Mambean para buscar soluciones, para educar y estar felices. Habitan en malocas que, al mismo tiempo, son centros ceremoniales en los que realizan sus ritos y danzas. Viven de la pesca y de lo que producen las chagras (los cultivos).
Los ticunas se localizan en Leticia, en Puerto Nariño y en las distintas comunidades
asentadas a orillas del Amazonas.
A pesar de haber entrado en contacto con los colonos y de abandonar algunas de sus costumbres, aún hay grupos indígenas que mantienen las tradiciones como una forma de transmitir a las nuevas generaciones la esencia de sus orígenes, representada en la lengua nativa, las danzas, el vestuario, los ritos y las creencias.
Por ejemplo, algunas familias ticunas aún celebran la pelazón, un acontecimiento
que se deriva de la primera menstruación de la mujer, cuando su familia la aísla del
resto de la comunidad, mientras su padre sale en búsqueda del masato y de la comida que ofrecerá a los invitados de la ceremonia en honor a la muchacha.
En dicho acto, que tiene como fin augurarle un buen porvenir a la joven, ésta es pintada
de negro con un tinte que extraen del fruto llamado huito. La creencia nativa establece
que en esta ceremonia se libra a la joven de las enfermedades y se le proporciona suerte para que consiga la pareja ideal.
En noches especiales, la comunidad ticuna se reúne para bailar danzas típicas que representan momentos de su cotidianidad, como los bailes del pescado y del chulo. Para estas representaciones acuden a los trajes autóctonos hechos con fibras naturales, como la yanchama, tela extraída de un árbol; y tintes de huito, achiote y azafrán. Los accesorios, como collares y coronas, se caracterizan por el uso de colmillos y plumas de animales, al igual que semillas, como las del árbol del jabón y las lágrimas de San Pedro.
En Leticia y Puerto Nariño, las características culturales toman otras connotaciones,
pues conviven tradiciones de diferentes grupos de Colombia y otros países. A lo largo del año son frecuentes las fiestas y celebraciones propias y de las colonias.
Por esto mismo, la gastronomía y la música de cada región encuentran espacio en estos dos cascos urbanos.
Además de la riqueza natural del Amazonas, el patrimonio pluricultural es uno de
los atractivos de un departamento que, como éste, ha dejado costumbres congeladas
en el tiempo para beneficio de la humanidad
Fuente: Guía Turística Colombia
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