LOS CHOCOES



LOS CHOCOES
En cuanto a los Chocoes, que étnicamente se identifican con dos tribus que aún subsisten esparciadas por una amplia zona denominada Alto Chocó, se extinguieron totalmente y no dejaron pruebas importantes de su asentamiento en estas latitudes. Mucho se ha discutido sobre el origen y el significado de la palabra “Choco”..
De acuerdo con los estudios hechos por la Doctora KATHLEEM ROMOLI, experta en Etnohistoria, especialmente el trabajo titulado “El Alto Chocó en el Siglo XVI” publicado en dos partes por la Revista Colombiana de Antropología. Volímenes 19 y 20, una hipótesis ha sido que deriva de “Coguo” apellido de un Cacique de las costa mencionado por OVIEDO, pero resulta que tal Cacique si existió debió ser de una región distinta. Otra conjetura es que el nombre de “Chocó” viene de la voz emberá Chokó, olla, cuyo significado sería “la gente de las ollas” o “los alfareros”. Agrega la investigadora ROMOLI: “El nombre “Chocó, cuando aparece por primera vez en la relación de 1.540, era el de una tierra tribal situada al Oeste del Distrito de Santa Ana de los Caballeros (luego llamada Anserma) del cual le separaba la Provincia Fronteriza de Sima... El Chocó en sentido estricto, el primitivo y auténtico, era la comarca circunscrita que estaba entre el Río Atrato (el río de Darién) y el Alto de San Juan. Este Chocó nuclear limitaba al Norte con la Provincia de los Citaraes y al Sur con la de los Yngara y los Tootumá y tal vez con los Cirambirá; al Oeste cofinaba con las tribusdel Baudó y al Este con Sima, Tatape y la Cordillera Alta”.
El río Atrato no se llamaba así antes del siglo XVII. El descubridor NUÑEZ DE BALBOA lo bautizó San Juan.
Más tarde, los españoles lo llamaron El río Grande del Darién, o sencilloamente río Darién, sin que nadie anotara el nombre o los nombres indígenas.
La autora afirma que encontró el nombre Atrato como apellido de un Cacique de los indidos Gorrones del Valle del Cauca. Resulta difícil identificar los lugares geográficos de esta provincia cuando se les denomina con sus primitivos nombres, porque éstos fueron cambiados muchas veces. Los “Chancos” y los “Guarras” habitaron las
zonas de la Cordillera Occidental hacia el pacífico a la altura de lo que es hoy el Corregimiento de Naranjal, los primeros y sobre la margen derecha del río Las Vueltas, los segundos. Un poco más al Occidente, en las próximidades del río Taparó y la primitiva ciudad de Toro (Toro Viejo), habitaban los tootumás y más al Norte a
la altura de los nacimientos del Río Las Vueltas, estaban los Yngaraes. Al parecer eran parcialidades de lo que genéricamente se identificaba como “Chocoes”. Esta breve explicación tiende a demostrar que en la jurisdicción de lo que inicialmente fue el Municipio de Versalles, antes de su desmembración para crear el Municipio de El Cairo, sí hacían presencia y vivieron durante muchos años los “Chocoes”. Los españoles que fundaron la primitiva ciudad de Toro en las cercanías del Cerro Torrá entraban por la zona comprendida por lo que hoy es la ciudad de Toro (Tercera fundación), subían por las lomas de Ramírez o del Mico y transmontando la Serranía, tomaban el rumbo de Caja de Oro para caer el Río Garrapatas cerca a la Quebrada de Agua Sucia; de allí se dirigía al Cañon de Guaimaral o El Balsal, según las circunstancias climáticas, y subían hasta la Serranía de Los Paraguas, para descolgarse nuevamente hacia el llano donde fue fundado Toro Viejo. Todo esto, dentro de la jurisdicción del Municipio de Versalles. Se conocían tribus como los Yngaraes, Tootumás, Yacos, Guarras, Chocoes y muchas otras de las que superviven lejanos descendientes conocidos como Emberaes y Noanamaes. La Región de Taparó es también muy importante porque está prácticamente en el eje vital de esta comarca. Son muy conocidos los ríos Las Vueltas en su curso inicial llamado también Río
Garrapatas más adelante, Río Taparó, Río Sipí, río San Quininí, Río Yarrama, Río Tuturrupí y muchos más que riegan con sus aguas todo ese vasto imperio de los Chocoes y desembocan finalmente al Océano Pacífico.
Y sobre este marco geográfico, del cual gran extensión pertenece al Municipio de Versalles, vivieron los Chocoes primitivos. Los Chocoes como bien se conoce tiene su origen en la gran familia Caribe, a la cual también pertenecen los Muzos, los Panches, los Pijaos, los Quimbayas, los Catíos y los Motilones. La región del Chocó arqueológicamente no ha sido suficientemente explorada. En cuanto a las costumbres de los indígenas Chocoes se conoce que no formaban verdaderos poblados sino que sus casas se construían aisladamente. Escogieron las orillas y las cabeceras de los ríos para plantar sus viviendas de subsistencia por la pesca y como medio de transporte. Entre los Chocoes era la mujer la que manejaba el canalete de la piragua o la canoa mientras el compañero dormía plácidamente. Puede afirmarse que sus costumbres en cuanto a
alimentación, trabajo, recreación, ritos, etc., son muy similares, desde luego con marcadas diferencias, a las de las tribus que provienen del mismo tronco común.
Los Quimbayas y los Chocoes primitivos desaparecieron definitivamente de estas tierras. Se extinguieron ante la campaña brutal que contra ellos emprendieron los españoles que asesinaban a los indefensos nativos para quitarles unas veces el oro y sus riquezas y otras veces sus mujeres. Muchos huyeron hacia las costas del Océano Pacífico pero lo malsano de esas regiones que ya estaban además infectadas por las enfermedades traídas por los peninsulares, acabaron con su salud y con sus vidas.
A esta región se le conoció como Patumá en recuerdo del cacique del mismo nombre que tuvo su domicilio por los lados de El Tambo. El vocablo Patumá corresponde a la familia lingüistica chocó a la cual pertenece también el dialecto o idioma que hablaban los Quimbayas.
Esto lo afirman varios autores entre ellos el doctor Segio Elías Ortiz en tesis de la Revista de la Universidad Católica Bolivariana y el sociólogo alemán Hermann Trimborn en su libro “SEÑORIO Y BARBARIE EN EL VALLE DEL CAUCA”.
La región de Patumá volvio a quedar como antes de la ocupación por sus primitivos habitantes, fría, silenciosa y hostil. La naturaleza se encargó de cerrar los caminos y veredas y de cubrir las fosas de los aborígenes sacrificados, con el follaje espeso de la flora silvestre. La selva recuperó su imperio y la fauna recuperó su paz.
La neblina glacial continuó reinando plácidamente en esas cumbres de zafiro.

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