Palenque de San Basilio- Historia contemporánea

  

Palenque de San Basilio
Historia contemporánea
La historia contemporánea del Palenque de San Basilio transcurre a través de tres fases que se entrecruzan. La primera fase se inicia en las postrimerías del siglo XIX para culminar hacia 1951. Esta fase se caracteriza por el impacto que genera en la vida de Palenque de San Basilio las primeras experiencias agroindustriales a gran escala de la zona del Caribe continental colombiano. La segunda fase, que comienza en 1951 y se extiende hasta la primera mitad de la década de los ochenta, se caracteriza por una oleada de ciclos migratorios de los palenqueros articulados a algunos centros urbanos de la región del Caribe colombiano como Barranquilla, Cartagena y Riohacha o de Venezuela como Caracas. Aunque los móviles de estos ciclos migratorios de los palenqueros responden a demandas laborales, se empiezan a dibujar las rutas de quienes salen en aras de terminar sus estudios de secundaria o formarse en la universidad. La tercera fase, iniciada en la segunda mitad de los ochenta y que se extiende hasta la actualidad, estos ciclos migratorios se ven impactados por la profunda crisis política y económica que afecta el país. Es en esta fase donde se consolida una tendencia entre los palenqueros de defensa y autovaloración de su cultura en procesos como el de etnoeducación o en manifestaciones como el Festival de Tambores y Expresiones
Culturales de Palenque de San Basilio. En cada uno de estos momentos, el pueblo palenquero sufre impactos importantes, que se traducen en situaciones de síntesis y reacomodos culturales que le permiten paulatinamente amoldarse a las nuevas circunstancias, incorporar elementos ajenos, pero preservando aspectos esenciales y originales de su cultura. Por consiguiente, es necesario identificar con la mayor precisión las posibles huellas de los cambios y permanencias que se presentan y sus impactos reales en la vida del palenquero, en su cosmovisión y personalidad histórica-cultural.
2.1.2. San Basilio de Palenque hoy
En 1956 se inició la construcción de la carretera de unos cinco kilómetros de longitud que conecta al poblado con la Troncal de Occidente, la cual se terminó en 1971. Desde entonces, ésta ha sido la principal vía de acceso al poblado de Palenque, dejando atrás los tiempos en los cuales los palenqueros y palenqueras tenían que salir con sus productos caminando o en bestias de carga. En la actualidad, la carretera se encuentra en relativo buen estado. El servicio de transporte permanente, de lunes a sábado, es ofrecido por el único bus que cubre la ruta Palenque-Cartagena, así como por una decena de motocicletas y pequeños camperos y camiones.
En cuanto a los servicios públicos, sólo hasta 1974 “[…] llegó la luz eléctrica empujada por el campeón mundial de boxeo Pambelé. Detrás de la luz llegaron las neveras y los ventiladores”.21 Desde entonces, la demanda de fluido eléctrico se ha acrecentado sin incrementar la capacidad del mismo. Lo que hace que éste sea deficiente, provocando continuos apagones y ofreciendo fluido eléctrico de sólo unos días a la semana.
En principio, se suspende el servicio de electricidad los lunes, miércoles y sábados. Sin embargo, y sin previo aviso, la electricidad desaparece sorpresiva y reiterativamente en los días que han sido asignados para prestar este servicio.
El acueducto, conocido localmente como la pluma, fue instalado a finales de los setenta, concretamente en el año 1978.22 Sin embargo, el acueducto dista de ofrecer un funcionamiento eficiente ya que brinda agua dos o tres horas máximo de cada dos o tres días. De ahí que la población recurra a recoger el agua lluvia en el periodo de invierno complementándolo con el arroyo que corre paralelo al poblado, y que se constituye en la principal fuente de abastecimiento de agua durante el más largo periodo de verano ante las intermitencia del suministro mediante la pluma.
En la actualidad, el poblado cuenta con una oficina del corregidor, la iglesia que abre habitualmente sus puertas los sábados y lunes para dos ceremonias, centro de salud con un medico y una enfermera. Igualmente, se encuentra la Concentración Educativa Técnico-Agropecuaria Benkos Bioho con dos sedes de primaria y una de secundaria, donde reciben educación cerca de ochocientos estudiantes de todas las edades. Es de destacar el programa de etnoeducación se imparte en esta Concentración Educativa desde el primer año elemental hasta el último grado de secundaria. El programa de etnoeducación comprende dos áreas. Una se encuentra expresada en el currículo de historia afroamericana y de historia local donde se le da relevancia a la tradición oral de los mayores.
La otra área se refiere a la lengua, donde se refuerza el conocimiento de la lengua y se aprenden aspectos de análisis lingüístico de la misma. Para los más pequeños, existe un Jardín Comunitario donde hay una cobertura para noventa niños de entre dos y cinco años.
Fuente: PRESIDENCIA DE LA REPÚBLICA DE COLOMBIA
MINISTERIO DE CULTURA /

INSTITUTO COLOMBIANO DE ANTROPOLOGÍA E HISTORIA

Región Andina Colombiana -Las casas en la región andina


Región Andina Colombiana
Las casas en la región andina
Otras son únicamente de bahareque, esto es, de cañas y barro; generalmente en las tierras frías se utiliza el chusque y barro mezclado con boñiga de res y en los climas cálidos guadua rajada paletada con barro después de atada con bejucos.
En cuanto a la artesanía manual, se distinguen por su dulcería en general y dulcería artística o sitoplastia, localidades como Chinquinquira y la Capilla en Boyacá, y Buga en el Valle del Cauca por su trabajo con el alfeñique.
Destacan igualmente las poblaciones de Vélez y Chitagá, en Santander, por sus dulces en general. Las figuras modeladas en dulcería artística suelen ser de una graciosa ingenuidad que sorprende por su sencillez infantil; desarrollan temas religiosos y
sentimentales en las figuras de vírgenes y santos de culto católico, ángeles, palomas, flores y todos los motivos de la fauna y la flora.
En la región andina se encuentran también famosos centros alfareros y ceramistas, como La Chamba y Espinal, en el Tolima; Raquira, Gámeza y Chinquinquira, en Boyacá;
Pitalito, en el Huila; Carmen del Viboral, en Antioquia y Tocancipa, en Cundinamarca.
Hay que mencionar las importantes herencias de las culturas Quimbaya y Muisca en la tradición cerámica de esta zona.
Pasto es celebre por su barniz, cuya preparación se realiza con base en la resina del árbol mopa-mopa, abundante en esta ciudad. El barniz de Pasto es una especie de laca utilizada para la decoración de muebles y vasijas de madera, ampliamente reconocida, tanto que hoy es procesada casi industrialmente.
En cuero destacan Envigado y Jericó, La Ceja y Barbosa, en Antioquia; Santa Rosa, Cuche, Villapinzón y Choconta, en Cundinamarca y Belén en Nariño. En lana son centros valiosos Nobsa, Iza, Sogamoso, Gamesa, Pesca, Sutamarchán, y Villa de Leyva en Boyacá; Funza, Nemocon, Sopo, Usaquén y Lenguazaque en Cundinamarca; La Jagua, en el Huila, Silvia en el Cauca. En madera cabe mencionar Chinquinquira, Duitama y Sogamoso en Boyacá; Ipiales, en Nariño. En metales finos y otros, Guapi en el Cauca y Barbosa en Nariño. En paja Aguadas en Caldas, Sandona en Nariño, Tenza en Boyacá, Espinal en Tolima, Guapi en Cauca, Utica y Guaduas en Cundinamarca.

  

Mitos y Supersticiones
El mito, por su nombre griego, indica un mandato; tiene pues la fuerza de una ley, particularmente en las tribus indígenas; se basa en leyendas y fabulas, narraciones de índole religiosa, pues tal legislación era de tradición oral y paso a ser literatura oral. Los mitos pueden ser divertidos en tres categorías, así: mitos mayores, mitos menores y espantos. Los mayores constituyen una especia de deidades tutelares; los menores se asimilan a genios maléficos o traviesos y los espantos son simples visiones o sugestiones emparentadas con los espíritus o animas de los muertos y se localizan en lugares sombríos, lóbregos o medrosos, como cementerios, graneros y casonas destruidas. En esta región andina son notables los mitos mayores como la Madre monte, personaje tan notable como la “Madre montaña” de los griegos o su par americana la “Pacha-mama” de los incas.
La Madremonte es deida selvática que protege el ambiente, en especial las aguas y su mandato estriba en que nadie debe bañarse en ríos crecidos pues la Madre monte castiga a quien lo hace produciéndole ronchas y pústulas en la piel. Creencia que se justifica porque los cadáveres de animales y materias orgánicas en descomposición. Parece identificarse con el Daybagdodjira de los indígenas del Catatumbo (norte de Santander).
El Hojarasquin es personaje selvático, muy popular en Antioquia, protector de los animales de pezuña (venados, conejos, tatabros, dantas) y por eso el mismo tiene pies de chivo como el fauno o capripede griego. Se le imagina con apariencia vegetal, cuerpo musgoso y entrelazado de bejucos, coronado de flores silvestres; es, pues, mito ecológico ya que protege como la Madremonte la fauna y la flora. Se identifica con el
Boraro o Curupira pues unos y otros llevan los casos al revés para despistar a los cazadores.
La Patasola, mito típicamente colombiano, es frecuente en Cundinamarca, Tolima, Santander y Boyaca hasta el pie de monte llanero y Antioquia. Es personaje múltiple, especie de furia o Eumenides griegas, que tiene un solo pie, lo que le da su nombre, como protectora de los bosques y como alegoría del árbol, que tiene también un solo pie. Las patasolas nacieron en la mitología popular nuestra cuando se iniciaron los trabajos de descuajamiento de las selvas tropicales y por ello se dice que devora a los taladores de arboles y cazadores. Cuando alguien se pierde en la selva y hallan después su cadáver devorado por las bestias selváticas, se culpa de ello a la patasola; de hecho los mineros de la región del Carare dicen que la Patasola anda gritando por los montes, llamándoles, y el que se deja llevar por sus reclamos nunca vuelve a encontrar la salida de la selva, o bien se halla ahogado en algún rio muerto en un paraje retirado. Para ellos
es corriente el dicho “se lo llevo La Patasola”. La selva en este mito se personifica en un genio femenino de gran ferocidad, guardián de sus dominios y enemigo del hachero y aun del minero que trabaja en los ríos selváticos donde se hallan las minas de oro de aluvión. La motivación de esta presencia femenina se debe probablemente a la soledad del trabajador cuya imaginación crea naturalmente la presencia del sexo complementario en medio de la selva, símbolo de la hembra dominada y vencida, aunque a veces sea trágicamente vencedora. En Santander se identifica con la Mancarita.
Fuente: Región Andina Colombiana
Convenio 1412/2007
Ministerio de Cultura

Fundación Taller de Arte Junior

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El Parque Nacional Natural Río Puré fue declarado mediante resolución No 0764 de 2002 del Ministerio del Medio Ambiente y Desarrollo So...