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Región Andina, mitos y leyendas El Mohan o Mojan del Tolima y Huila


Región Andina, mitos y leyendas
El Mohan o Mojan del Tolima y Huila vive en los posos oscuros de los ríos y quebradas tropicales, es personaje tutelar de las aguas y ahoga a quienes intentan bañarse en sus dominios. Los campesinos cundinamarqueses le atribuyen la crecida de los ríos a los “mojanes” y no a la Madremonte. A veces se confunde en el Tolima con el Poira llanero.
La Llorona es igualmente un mítico selvático, muy popular en las selvas del Carare en Antioquia. Personalmente puede comprobar un terrible alarido por cuatro voces en 1940 en otra región de Colombia, en las selvas de la cadena de Guayuriba, región de La Mistralita, en la zona comprendida entre los ríos Negro y Quenane en el departamento del Meta.
Siempre aparece en noches de luna, cuando los monteros solo temen a dos cosas: al tigre, que en tales noches sale a cazar, y al horrendo grito de la Llorona. La lógica indica que el grito debe corresponder a algún tipo de animal, pero su efecto aterrador no permite verificar a que pueda deberse.
La Candileja o luz viajera es un mito compañero de El Mohán y es una luz que aparece en las montañas y cementerios y cuya explicación se debe dar a algún viajero nocturno que fuma un tabaco o lleva una iluminaria o a los fuegos fatuos que se ven en los cementerios campesinos y que son emanaciones de fósforo que salen de las tumbas y al contacto con el oxigeno del aire se encienden; este fósforo procede de los huesos enterrados o, a veces, de metales sepultados en las guacas indígenas.
Entre los mitos menores de la Región Andina se pueden mencionar el de El Poira, en la zona del Huila y el Tolima. La Lengüilarga de Antioquia, que es compañera del Hojarasquin del monte, es un mito menor que también pertenece a la selva; aparte de la notable longitud de su lengua, no se conoce descripciones especiales que se relacione con ese nombre.
Entre las supersticiones se cuentan con los duendes y los espantos, simples apariciones sin virtud maléfica que asustan a los viajeros tímidos, a los borrachos y aventureros nocturnos. En cada zona encontramos estos y muchos más mitos, supersticiones y leyendas.
Medicina Popular
Los campesinos mestizos aplican con frecuencia a sus enfermos yerbas y extractos en forma de cocciones, infusiones, maceraciones, emplastos y pociones, entre otros. Heredados por tradición oral, tomados de las tribus indígenas antecesoras a su estirpe o cercanas a su ambiente, estos conocimientos se utilizan sin saber prácticamente nada acerca de las propiedades farmacológicas de los principios activos de muchas plantas y extractos animales. En medicina popular los más utilizados en la región son el “fute”, la tela de araña y el polvo de los quicios.
Se llama fute a los hongos de penicilina que se forman en el maíz que una vez pilados, se entierra debidamente envuelto y en pocos días produce una masa blanca de hongos que aplicada localmente en las heridas previene las infecciones o ingerida con miel durante los partos, evita la fiebre puerperal; también es aplicada en el ombligo del recién nacido como antiséptico. En cuanto a la tela de araña y al polvo de los quicios, estos también contienen hongos, pero de terramicina o estreptomicina, eficaces aunque
peligrosos por el bacilo tetánico que se halla en las tierras.
La savia del trompeto o sarno también se aplica como desinfectante y anestésico; igualmente conocidos y utilizados en la región andina son el borrachero o huanto, la yerbabuena, el toronjil, el apio, la salvia, el ruibarbo, la mazanilla, el romero, el
tomillo, la higuerilla, y otras muchas plantas y yerbas que en dosis no excesivas pueden ser eficaces.
Fuente: Convenio 1412/2007
Ministerio de Cultura

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