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La habitaciones de los Quimbayas eran amplias y cómodas


La habitaciones de los Quimbayas
La habitaciones de los Quimbayas eran amplias y cómodas pero sencillas,
separadas generalmente en dos secciones para hombres y mujeres. Las de
los Caciques o Jefes sólo se diferenciaban de las del resto de la tribu por su mayor dimensión y por un tablado de guada que se levantaba al frente para el servicio de un guarda o centinela permanente. Estas casas eran de madera con techo pajizo. El bohío redondo era la característica de las construcciones aborígenes y escasamente se veían habitaciones con trazado ortogonal. Hacia adelante este fue un problema que tuvieron los españoles cuando trataron de reglamentar los centros o reunir en agrupaciones urbanas a los aborígenes pues estos no gustaban de las construcciones rectangulares que eran características
de los españoles.
Alimentación
El principal alimento de los QUIMBAYAS era el maíz , con el cual fabricaban
una especie de pan que hacían moliendo el grano sobre piedras de superficie
muy pulida y luego lo mojaban hasta obtener una pasta que asaban al fuego.
Pero también comían carne de animales silvestres como la danta, el zaino,
guagua, armadillo, conejo, oso hormiguero, venado, simios de distintas
variedades (mono, mico, tití). De las gallináceas utilizaban para su alimentación
la torcaza, la tórtola, la perdiz, el pavo, el paujil y de las palmípedas el pato y el
ganzo. Entre los peces el bagre, la sardina, el bocachico y el jetudo que los
españoles conocieron como “gorrón”. Pero también utilizaban como base de su
alimentación la yuca, la papa, el ulluco, el tomate de castilla y bebían chicha
elaborada con maíz fermentado.
En las crónicas de la conquista descrita por Pedro Cieza de León, quien es fuente
de información frecuente de historiadores, se refieren las costumbres de los
Quimbayas en cuanto a su recreación y se dice que eran amantes de la caza y la
pesca y especialmente de la bebida; y se embriagan frecuentemente con guarapo
de caña y chicha de maíz o de frutas dulces que ellos sabían fermentar hasta darles
el punto ideal de alcohol para sacarle todo el provecho que buscaban. Las fiestas llegaban hasta el extremo de desordenadas orgías o bacanales en las que bailaban imitando el andar de los animales o fingiendo actos eróticos elementales. Los instrumentos que tocaban eran primitivos pero llenaban las exigencias de su gusto, como ocarinas y silbatos hechos de arcilla, flautas de carrizo o guadua menuda, tambores fabricados con troncos de árboles y otros instrumentos que a veces eran de oro para cuya elaboración se mostraban como verdaderos maestros. A algunos de sus hijos al nacer, les deformaban el cráneo para distinguirlos y esperar que ellos fueran Jefes o Chamanes, pues no a todos les practicaban esta operación. Para esto se valían de prensas de madera aseguradas con bejucos y piedras que colocaban sobre el hueso frontal, sobre los parientales y sobre el occipital.