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Diversidad parte 2 ARTISTAS MANUALES


Diversidad parte 2 ARTISTAS MANUALES
Muchos de los aborígenes que habitaron esta territorio, fueron ceramistas excelsos
y con ello su menaje culinario se vio enriquecido por hermosas y sencillas piezas: cayanas, cuencos, ollas, vasijas, múcuras y jarras; en ellas la mano de la indígena sazonó el sustento diario.
Finalmente está el oro, mineral abundante en esta comarca como casi en ninguna
otra parte de América.
Fueron brillantes las habilidades de nuestros antepasados en especial los quimbaya
en la tecnología de la metalurgia. Sin embargo, dicho material y sus múltiples piezas eran patrimonio exclusivo de los grandes jefes, quienes además sólo usaban de ellas para fines ceremoniales. En otras abras...saquemos el oro de la cocina.
BANQUETES O AYUNO
Pasemos ahora a la cocina indígena propiamente dicha. igual que en el resto de
pueblos de América, en la comarca se realizaban banquetes colectivos y comidas ceremoniales en los cuales se abusaba de la ingestión alimentos y bebidas
fermentadas.
Carnes de monte difíciles para conseguir y con largos procesos de preparación y chichas de fermentación garantizada hacían presencia en bateas, cayanas y tinajas; estaban acompañadas de las Suntuarias y ceremoniales hojas de coca y tabaco.
Eran las fiestas de cosecha, nacimiento, matrimonio y rituales funerarios.
En otras circunstancias, en cambio, se practicaba el ayuno. Se creía necesario pan propiciar el buen tiempo durante las cosechas y preparar el suelo para las siembras,
en la iniciación sexual de la mujer joven y las jornadas de cacería o pesca,) en caso
de expediciones guerreras o cuando quiera que la familia o el cacicazgo se sentían amenazados por fuerzas hostiles.
Interdicciones alimenticias eran producto del culto al tótem o de la concepción del
tabú. En el primer caso, el animal protector del grupo debía ser respetado y no consumirse; en el segundo, su contacto generaría un maleficio.
ABANICO DE GUSTOS
Un amplio y rudimentario taller de preparación definía la cocina indígena. Moler,
picar, cernir y pelar todos los productos eran oficios que la mujer hacía en él; casi siempre ella se encargaba de cocinar.
Ají, sal, achiote y ceniza eran los sazonadores básicos mientras que con tierra y
lejía se implementaba la limpieza. Mucho de lo perecedero se conservaba
ahumándolo y salándolo y las técnicas de cocción se reducían a hervir sancochar
y a asar.
Sin embargo, los sistemas de preparación garantizaban cambios gustativos, una
veces pilando y envolviendo en hoja, otras entreverando ceniza, fermentando y añadiendo ajíes al amasijo. Con la yuca cocinada o asada, se hacía una especie de
harina que se mezclaba en muchas recetas y el sabor en la olla de cocido se enrique
ció con la arracacha y la mafafa. De cidra, Vitoria y ahuyama se dio el punto calar
a los frijoles, tratados únicamente con el agua a grandes hervores.
Bebidas de todo tipo se elaboraban en la cocina utilizando las frutas y se conseguía menguar la acritud de muchas de ellas con la miel de las abejas.
De las iguanas y tortugas consumían sus carnes y huevos. Pero también sus grasa
para revestir con unturas el cuerpo, amén de utilizarlas como base de alumbrado y medicina para curación de heridas. Las carnes de tanto animal de monte,
despresadas en porciones, sólo tenían dos destinos: hacer parte del tamal o hacer
parte del sancocho. Si por el contrario la pieza llegaba entera a la cocina, un rudimentario espetón en palo de guayabo la convertía en suculento asado.
Finalmente, se logró con el maíz el rendimiento culinario máximo, aprovechándolo
en todos sus estados, desde la raíz hasta el penacho. Verde, niño, maduro, asado,
cocido, fermentado, entero o amasado, el maíz fue la base de numerosas recetas aborígenes, de las cuales hoy se ufana el recetario antioqueño con estas tres
sobrevivientes: mazamorra, tamal y arepa.
MÚSICA DE VIDA
De los sonidos aborígenes a la música mestiza y moderna se pasa por el interludio
de la cultura hispánica.
Hacer música es otra manera de contar la historia.
Unidos indisolublemente por la fuerza de una historia común, en el nor-occidente colombiano coexisten las músicas tradicionales folklóricas o étnicas que comunican
la vida cotidiana; la música erudita, comúnmente llamada clásica, elaborada por estudiosos a partir de técnicas y teorías universales; y la música popular
comercial, animada por intereses económicos.