Diversidad parte 3


Diversidad parte 3
Esta unidad histórica persiste no obstante estos tres lenguajes sonoros se hayan cultivado en espacios y tiempos culturales diferentes.
CULTURAS, SONIDOS Y SILENCIOS
En la región están dispersos y son escasos, imprecisos y frecuentemente preciados
los escritos referidos a las músicas prehispánicas. En cambio, testimonio fuerte lo
son las pruebas arqueológicas: instrumentos musicales cerámica, de hueso o de aleaciones de oro y cobre, vasijas silbantes y sonajeros de los quimbaya; trompetas,
cascabeles y flautas longitudinales de cari y calimas; la música viva que hoy hace
parte de la cultura Tule o Kuna Urabá, de chamíes y katíos que habitan en Dabeiba, Ituango, Bolívar, Jardín Valparaíso, Mistrató. Y canciones de cuna, cantos de Jai-curación o limpieza con su música, instrumentos y danzas ceremoniales que
viven aún porque encarnan relaciones ancestrales música-naturaleza, música-vida, música-comunidad, música-orden, música-ley, música-cosmos, música-Dios.
Después de que el padre y la madre se abrazaron y crearon la vida, se convirtieron
en instrumentos. Por eso hay instrumentos macho y hembra. Por nuestra música es como la vida. Cantamos para vivir, para que el río se apacigüe, para que la
enfermedad se vaya, para que el animal se aleje y no haga daño... Bailamos para no
morir. (La Música de la Vida)
La cultura hispanoárabe entre los siglos XVI a XIX impone valores, usos y costumbres y con ello, músicas e instrumentos. Obras sacras de origen académico como los cantos gregorianos, el canto toledano y la música polifónica, que ron realce a los oficios religiosos y se utilizaron para atraer nativos y esclavos nueva religión,
mostraron el ímpetu de la nueva cultura, lo mismo que en músicas tradicionales populares religiosas y profanas.
Entre los géneros de mayor significación destacamos el villancico, la salve, romance, canciones de cuna y danzas populares que van a influir enormemente en el desarrollo
de la música criolla. Los instrumentos de cuerda tañida tal como guitarras de cuatro cuerdas, laúdes y vihuelas son los que se arraigan o mas fuerza y posteriormente se transformarán en tiples, bandolas y guitarras alma de los conjuntos montañeros. Tienen importancia, además las chirimías , especies de oboe de origen árabe, panderos y redoblantes o tamboriles muy usados entre nosotros hasta hace sesenta años para llamar la atención de gentes en la lectura callejera de bandos, edictos y ordenanzas.
Definitivo será el aporte africano a raíz de la llegada de esclavos negros a regiones mineras del nordeste antioqueño y del Viejo Caldas. En Remedios Segovia,
Yolombó, Supía, Marmato, Pueblo Rico, la Región del Oro y en minas de aluvión cercanas a Riosucio, la fuerza del mestizaje impregnó de ritmos nuevos, timbres,
colores y de modos de hacer, de expresar y de sentir vida a cuerpos y espíritus, y por ende a la música y a la danza, hecho éste que va determinar gustos y preferencias musicales en la región.
Debido al aislamiento de estas tierras en épocas de la Colonia, fue inexistente alguna documentación referida a la música erudita de grupos minoritarios, elites religiosas y políticas. Escasa también fue la información alusiva a las músicas que hacían las gentes del común. No era posible para el europeo corriente la valoración y menos el intercambio con las culturas que se proponía someter el pueblo, compuesto por mayorías iletradas y oprimidas; no tuvo los medios los recursos para historiar su cultura. El exterminio masivo de aborígenes, las restricciones que pesaron sobre los esclavos, la normatividad moralista y represiva que se impuso en todo el continente y las sanciones y tributos que recayeron sobre los festejos populares determinaron un escaso
desarrollo musical en a la región.

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